Opinión

Matapanki, una película de superhéroes y realismo mágico punk

30 Jun 2026
Germina Centro de estudios Germina

Resumen

Por Vicente Ríos López

La película narra la historia de Ricardo, un joven panki que vive en Quilicura, convive con su abuela enferma y asiste a tocatas con sus amigos pankis, Mella y Claudia. Una noche, en medio de la fiesta y tras una redada policial, el protagonista consume un brebaje alcohólico y misterioso -un matapanki- que le da una fuerza descomunal.

Rodada en una película granulosa y en blanco y negro, con una relación de aspecto 4:3 -lo que le da a la pantalla una apariencia casi cuadrada- y efectos especiales realizados a través de la técnica de rotoscopía, Matapanki se revela como una película experimental para la tradición del cine chileno del último tiempo, combinando la estética pank con dibujos y animaciones que acercan la película al comic y la animación. En sus escenas podemos encontrar citas de Dragon Ball Z (1989), referencias a Evangelion (1995) y Spiderman (2002). Aunque su inspiración fue Electric Dragon 80.000 V (2001), las escenas de gigantes peleando propias del género japonés kaijū eiga remiten a personajes asentado en el imaginario colectivo como Godzilla (1954) y Ultraman (1966).

Tras enfrentarse a otros pankis que buscan pelea sin provocación, dos carabineros que acosan a un vendedor ambulante y a un ladrón que asalta a una vecina, el protagonista y sus amigos satirizan acerca de los superhéroes y se preguntan por los límites morales y éticos de utilizar los poderes. Sin embargo, motivado por la muerte de su abuela, que fallece esperando atención médica, Ricardo decide utilizar su superfuerza para buscar justicia, pero un error violento -donde le destruye la cabeza al presidente, quien es una representación sarcástica de la élite política chilena- termina por desencadenar un conflicto internacional. En un giro inesperado de la trama, el protagonista y los espectadores nos encontramos con que la muerte del presidente chileno es un plan para desestabilizar al país y justificar el intervencionismo estadounidense, en una clara referencia a la política de los años 70 de dicho país en Latinoamérica financiando golpes de Estado y promoviendo dictaduras.

Entre el realismo que apela en exceso a la sobriedad y el drama intimista que pareciera no tener ninguna conciencia de clase, Matapanki es una comedia dramática que conjuga la precariedad periférica y la rabia de una generación que se siente ajena a cualquier posibilidad de cambio con una crítica a la sociedad neoliberal chilena, el capitalismo y el imperialismo estadounidense, a través del realismo mágico latinoamericano. Así, la premisa de la cinta adquiere una lógica propia y la verosimilitud se juega en la exageración absurda y la seriedad con la que los personajes viven los acontecimientos que les suceden.

Además, la película se preocupa de la representación de la periferia, utilizando un marcado lenguaje chileno y coloquial y las escenas suceden en calles, plazas y casas de poblaciones propias de Quilicura. También, Matapanki apela a un imaginario de la masculinidad, con la sensibilidad del protagonista y especialmente cuando Claudia termina el traje de superhéroe y vemos a nuestro protagonista lucir una polera corta que deja al descubierto su ombligo que, lejos de sentir su masculinidad comprometida, la usa con orgullo para pelear contra el presidente de Estados Unidos.

Matapanki también destaca por omitir cualquier referencia al amor romántico y en su lugar apela a la necesidad de amigas y amigos y la comunidad. Para nuestro protagonista es imposible rescatar a Mella, que ha sido capturado y manipulado por sus enemigos, y vencer al presidente de los Estados Unidos y sus agentes sin sus amistades que acuden a pelear con él. Asimismo, el epílogo apela a una comunidad que se forma en la conmemoración de la lucha por la revolución después de dos años de los sucesos que narra la película y la muerte del protagonista y La madmoiselle, la dependienta de la botillería del barrio.

Finalmente, Matapanki interpela el ser panki en el Chile actual: no es alcoholizarse hasta perder el conocimiento ni ponerse a pelear con otros como tú; sino tener conciencia de clase y luchar por la justicia social.

Uno sale de ver Matapanki con un espíritu pank renovado y si nunca lo tuviste, te lo da.